Si bien es cierto que en dos semanas no nos dio tiempo de conocer todo el país, lógicamente, de nuestro viaje a Corea del Sur pudimos extraer algunos lugares y cosas que hacer que para nosotros son imprescindibles si se viaja a este país.
Evidentemente este listado es muy personal, pero creemos que puede ser útil.
- Visitar la DMZ
La DMZ (sus siglas en inglés de Zona Desmilitarizada) es la frontera que separa Corea del Norte y Corea del Sur y es, a pesar de su nombre, la zona más militarizada del mundo. Fue establecida en 1953 y tiene un total de 4km de ancho y más de 230 km de largo y es una zona prácticamente deshabitada de población civil. Cabe destacar que, a pesar de ser una zona tan militarizada, es muy rica en flora y fauna precisamente debido a que hace más de 70 años que está casi totalmente despoblada, lo cual ha hecho que haya una gran diversidad ecológica y medioambiental.
Sería muy largo contar toda la guerra de Corea aquí, pero os recomiendo que le echéis un vistazo si queréis ir a visitar esta zona, aunque en la propia visita os hacen un resumen rápido de ésta.
Aunque tuvimos dudas de si valía o no valía la pena hacer la visita a la DMZ, al final pude convencer a mi compañero de viaje que no estaba muy emocionado con eso de ir a la zona más militarizada del mundo y decidimos hacer la excursión. Antes de empezar el viaje investigué un poco en varios blogs, ya que no es posible hacer la visita por cuenta propia y hay que reservarla en alguna de las centenares de agencias que la ofrecen. Y sí, visitar esta zona se ha convertido en una de las actividades más turísticas del país… Después de mucho revisar y ver que los precios eran bastante parecidos, elegimos la Agencia KTB situada en el President Hotel, justo al lado del ayuntamiento de Seúl.

Casi todas las visitas incluyen lo mismo: Unification Bridge, Security Area (zona propiamente de la frontera) donde se visita la Casa de la Libertad, Demarcation Line, Conference Room, Camp Bonifas y el Puente de no retorno. En nuestro caso no pudimos visitar por cuestiones de seguridad el Puente de No retorno, ya que cuando fuimos fue justo unas semanas después del primer contacto entre los dos gobiernos coreanos y era una zona restringida. Dentro de este pack también estaba incluida la comida por un precio final de 85.000 wones /persona. Sí, verdaderamente no es algo barato por ser una excursión de medio día, pero tampoco había nada más económico y que se pudiera ver lo que más me interesaba a mí que era el Área de Seguridad.
Hay más ofertas, por ejemplo, de día entero y que se pueden visitar los tres túneles encontrados y otras cosas, pero eran bastante más caras y tampoco consideramos que fuese necesario (bastante me costó convencer a Gaizka para hacer la visita como para encima gastarnos más dinero…).
Antes de la visita, eso sí, hay que tener en cuenta varias cosas:
- Hay que reservar la excursión con un mínimo de 3 días de antelación (nosotros lo reservamos al llegar al país para cuando volviéramos de nuestra ruta, 10 días más tarde).
- Es necesario llevar el pasaporte tanto para hacer la reserva como el día de la excursión
- Es necesario llevar “ropa decente” (zapato cerrado, pantalón o falda por la rodilla o largo y que no esté roto, nada de camisetas de tirantes). Son bastante estrictos con eso, vi como a un chico le llamaron la atención por llevar una camiseta sin mangas.
- Hay que saber inglés. Cuando nosotros fuimos (julio 2018) no se podía hacer la visita en español y es importante como mínimo saber lo justo para atender al militar (sí, el guía es un militar) cuando da las instrucciones de seguridad.
- Hacer caso de las instrucciones de seguridad: y es que a mí no me dio la sensación que estuvieran por tonterías. Si te dicen que no hagas fotos, no las hagas. Si te dicen que solo puedes sacar fotos hacia delante, hazlo. No corras, ni grites, ni toques a los militares… la verdad es que hubo un momento en que pensaban que todo era un poco teatrillo para causar esta sensación de tensión, pero… bueno, yo de vosotros no me pondría a correr por la zona con más militares por metro cuadrado.

Si me preguntáis si vale la pena, la verdad es que, para mí, sí. El precio es elevado y no es que sea una visita de ocio muy normal, pero también es cierto que forma parte de la historia de Corea y que es un conflicto real. Tuve muchos dilemas sobre si era necesario ir a un lugar que lo que se muestra principalmente es la fuerza bruta de uno y otro país, pero nunca había estado en una zona fronteriza de tal calibre y fue una experiencia única. En cuanto a la visita en si a mi se me hizo muy corta por el precio que pagué, pero los dos guías que tuvimos fueron amables, nos contaron varias cosas, la comida estuvo bien y puedo decir que he estado en la DMZ, que yo no sé si sirve de nada que haya estado, pero mira, un recuerdo más a la saca.
2. Conocer los Palacios de Seúl
A medida que iba organizando mi viaje a Corea del Sur me di cuenta que la gran mayoría de viajeros habían visitado varios palacios en la capital coreana. Así que me puse a investigar y sí, hay varios Palacios Reales con nombres impronunciable (e imposibles de recordar) de los cuales nosotros visitamos 4 repartidos por toda la ciudad. La entrada a cada Palacio por separado es de entre 1000- 5000 wones pero se puede comprar una entrada combinada por 10.000 wons/persona para poder visitar 5 Palacios (4 de los que visitamos y el Santuario de Chongmyo, que no nos dio tiempo a visitar), así que sale a cuenta si se quieren visitar varios de los palacios y porque además no caducan hasta al cabo de un año así que nosotros la aprovechamos tanto al principio de nuestro viaje como al final cuando volvimos a Seúl.
Los palacios marcan una parte muy importante del país, la de la dinastía Joseon que duró 500 años (desde 1392 hasta 1910) y es a través de ellos que se puede revivir la historia de esa época real. El motivo de que hubiese tantos palacios es porque cada uno cumplía su función y si uno estaba en mantenimiento o surgía cualquier cosa la familia real se podía ir a otro de sus palacios. La verdad es que yo no soy una gran experta en arquitectura y mucho menos en arquitectura asiática y es verdad que pueden parecer muy similares entre ellos, ya que las estructuras se repiten en todos los Palacios, pero cada uno tiene algo que a mi me enamoró.
- Palacio de Gyeongbokgung: fue el primer palacio construido y el más importante de la dinastía. El Palacio original se finalizó a finales del siglo XIV, aunque fue destruido a finales del siglo XVI y no se volvió a reconstruir hasta 1867, para que fuese casi destruido por completo durante la guerra japonesa (1910-1945). Finalmente, en 1990 se hizo un plan de reconstrucción que dura hoy en día.
Lo interesante de este Palacio para mi es que es enorme, el mas famoso y que no tiene fin. Está muy bien ubicado, en el centro de la ciudad, donde se puede ver perfectamente el contraste entre la modernidad y la arquitectura tradicional que nos saluda desde la Puerta de Gwanghawamun, que da paso al palacio. Además, si nos adentramos lo suficiente llegamos al Museo Folclórico Nacional, que no visitamos pero que nos saludó con una enorme pagoda.
- Horarios: de 9 a 17h (en verano hasta las 18h)
- Cierra los martes
- Si se va con el vestido tradicional (hanbok), entrada gratuita. Entrada normal: 3000 wones

- Palacio de Changdeokgung: igual fue porque fue el primer palacio que visité y estaba muy emocionada de volver a ver construcciones asiáticas, pero fue mi Palacio favorito. Se construyó en 1405 y fue el palacio secundario del tercer rey de la dinastía Joseon (rey Taegon) y el mejor conservado de todos los palacios. Está situado en mitad de la naturaleza, en un lugar relativamente tranquilo de la ciudad y con grandes jardines a su alrededor. De hecho, una de las visitas más importantes del palacio es la visita (que sólo se puede hacer guiada y a determinadas horas) por el Secret Garden, que a mi me pareció un bonito jardín aunque tampoco fue espectacular. Esta palacio cuenta, además, con el título de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1997.
- Horario: de 9 a 17:30h (en verano hasta las 18:30h)
- Si se va con el vestido tradicional (hanbok), entrada gratuita. Entrada: 3000 wones (si se quiere visita al jardín son 5000 wones más, pero con la entrada combinada entra todo).
- Cierra los lunes

- Palacio de Changgyeonggung: está situado justo al lado del Palacio de Changdeokgung, así que lo visitamos justo antes de entrar al Secret Garden, ya que están conectados y se puede pasar de uno a otro. Fue la residencia principal de la madre y de la abuela del noveno monarca de la dinastía Joseon, así que los espacios son un poco distintos a los otros palacios ya que el rey no lo usaba para gobernar. Lo que más nos gustó de este Palacio fue el entorno y las vistas que se pueden ver desde la parte alta del palacio, bajando por un caminito que conecta los dos palacios.
- Horario: de 9 a 17:30h (en verano hasta las 18:30h)
- Cierra los lunes
- Si se va con el vestido tradicional (hanbok), entrada gratuita. Entrada: 1000 wones
- Palacio Deoksugung: fue el último Palacio que visitamos y casi casi por casualidad, porque lo habíamos estado viendo cada vez que pasábamos por delante del ayuntamiento y el último día nos decidimos a entrar parar despedirnos de nuestro viaje. Además, su entrada parece ser una especie de “manifestódromo”, ya que cada vez que pasamos había distintas personas, con distintos carteles, algunas con megáfonos y otros haciendo mítines, reivindicando temas diversos (no entendíamos mucho, la verdad) y con una policía que lo grababa todo.
Este Palacio se construyó a finales del siglo XVI y es el que más se utilizó durante la dinastía Joseon, primero como palacio temporal y después de gobierno.
Cabe destacar como este Palacio nos sorprendió ya que en el mismo espacio convergen los edificios tradicionales con un edificio mucho más moderno, el Pabellón Seokjojeon, que se finalizó en el año 1910. Además, el mismo lugar alberga la Galería de Arte del Palacio Deoksugung, un anexo al Museo de Arte Nacional, con unas preciosas escalinatas y una bonita fuente donde se puede intuir, aunque no oír, el bullicio del centro de la ciudad.
- Horarios: de 9 a 21h
- Cierra los lunes
- Si se va con el vestido tradicional (hanbok), entrada gratuita. Entrada: 1000 wones

3. Comer Street food en Busan
La gastronomía es algo que hay que conocer cuando se viaja, sin duda. La verdad es que yo soy un tanto “especial” con la comida, no me gusta mucho innovar, pero cuando se viaja… ¡no queda otra!
Según nuestra experiencia, comer en la calle es de lo más típico en muchos países asiáticos tales como Vietnam, China o Corea del Sur y es muy habitual encontrarse paraditas en la calle que preparan la comida directamente allí. Tengo que reconocer que hasta que no llegamos a Busan la comida coreana no nos había entusiasmado, ya que para nuestro gusto es bastante picante. Para que os hagáis una idea, el plato tradicional de Corea del sur se llama “kimchi”, un plato de varias verduras fermentadas, principalmente col blanca y sazonada con distintas especias que la hace bastante picante para nuestro paladar o el Bibimbap, un plato de arroz mezclado con distintos ingredientes y que la gracia es ponerle un poco (o mucho) de salsa de pimiento rojo que le da el toque picante…

Así pues, cuando llegamos a Busan fue una gran sorpresa encontrar un montón de paraditas tanto en el barrio donde nos alojábamos (Seomyeom), como en la BIFF Square, aunque hay bastantes por todos lados. Lo que nos podemos encontrar es una gran variedad de “snacks” de pescado y otros productos que suelen freírse, así que no parece una comida muy sana, pero bueno, ¡al menos puedes decidir si quieres o no picante! Como curiosidad, mi compi de viaje probó anguila frita y le gustó bastante y hay unos pastelitos dulces, llamados hotteok, rellenos de frutos secos ¡deliciosos!

También probamos distintos tipos de brochetas de calamar, pollo dulce y un montón de dulces muuuuy dulces que venden en cualquier tiendecita. Para nosotros Busan fue el descubrimiento de la comida coreana y nuestro momento de reconciliación con ella…
¡Ah! Y sí, en Seúl evidentemente también hay un montón de Street food, pero siempre que llegábamos a un mercado como el de Namdaemun con un montón de oferta culinaria o bien era muy pronto para comer nada o justo habíamos comido algo y no teníamos hambre, pero sin duda para quienes el picante sea un imprescindible, en Corea lo vais a tener muy fácil.

4. Ir al Templo de Yonggungsa
Había visto alguna foto de este templo al lado del mar y era uno de mis objetivos al llegar a Busan. Y no me decepcionó para nada. La verdad es que llegar hasta el templo en transporte público es casi imposible (a no ser que haya alguna manera que no conseguimos averiguar) y desde la ciudad de Busan hay que tomar un ferrocarril y luego, como andando tardas una hora, tomamos un taxi. Parece ser que hay un autobús, pero seguramente dependerá del lugar de Busan desde el que uno parta y en nuestro caso nos cuadró mejor hacer esta combinación.
El templo de Yonggungsa del siglo XIV, no sólo está situado en un lugar idílico al lado del mar, sino que es uno de los templos budistas más bonitos del país, debido precisamente su ubicación.

Una vez pasas por todos los puestecitos callejeros, se empieza a descender por un caminito con distintas estatuas que simbolizan los signos del zodíaco chino y luego por unas escaleras y ya se empieza a oír el mar. Justo al llegar abajo ves una enorme estatua dorada de Buda y después, ya puedes disfrutar del templo en sí y de las increíbles vistas. Mi recomendación es cruzar el puente de piedra que hay a mano izquierda mirando al mar y seguir hasta la otra orilla, para así poder contemplar la belleza del templo en todo su esplendor. Sin duda, fue una bonita tarde la que pasamos en el templo, a pesar de que está algo apartado de la ciudad, pero el hecho de que sea gratuito entrar y que te regale este maravilloso recuerdo en forma de imagen, vale toda la distancia recorrida.

5. Enamorarse de la Bahía de Suncheon
En todos nuestros viajes siempre intentamos escaparnos un poco de las ciudades o lugares más urbanos para poder conocer algún paisaje natural que nos enamore. En este caso, descubrí en algunos blogs que había un pueblo llamado Suncheon que tenía una reserva natural en una bahía. Y allí que nos fuimos.
Suncheon es una población al sur de Corea, nada turística en cuanto a occidentales se refiere, y pensándolo mejor, igual habría valido la pena quedarse 2 noches en vez de una como hicimos nosotros, porque el hecho de no ver un solo occidental y que muy poca gente hablara inglés, junto con la increíble experiencia de la bahía, bien vale un par de noches para tomárselo con más calma.

Desde la ciudad de Suncheon hay que tomar un autobús que en unos 40 minutos te deja en la entrada del parque de la bahía. Una vez entras hay que ir andando unos minutos hasta llegar al increíble humedal y pasear por el camino de madera que nos lleva hasta el mirador. Hace mucho calor y humedad, así que el camino aunque en principio no es difícil y está todo bien preparado con maderas (benditos asiáticos), se nos hace cuesta arriba…. pero, ay, a medida que vamos subiendo vamos viendo el increíble paisaje de la bahía, que nos hace casi llorar al llegar arriba del todo. De verdad, vale muchísimo la pena el esfuerzo y la bajada se hace más animada.

Dentro del parque también se pueden hacer excursiones en barco por el río, pero no lo tomamos porque se nos hacía ya muy tarde para volver, aunque seguro que vale mucho la pena.
Este estuario está relacionado con el otro gran reclamo turístico de la ciudad, los Bay Garden que también visitamos la mañana siguiente y que son enormes, aunque no tuvimos casi tiempo de disfrutarlos.
- Cómo llegar: bus 67 desde enfrente de la estación de tren de Suncheon (delante del 7Eleven), que hace varias paradas, una de ellas muy cercana a la estación de buses.
- Horarios: desde la 8:00h hasta el atardecer
- Precio: 8000 wones/persona

6. Dormir en un hanok
Los hanok son las casas tradicionales coreanas hechas principalmente de madera y barro. Lo más característico de estas construcciones es que no tienen camas donde dormir ni apenas muebles (no hay sillas, por ejemplo), así que hay que sentarse en el suelo y se duerme en un simple futón. Hay mucha variedad de hanok a lo largo del país, algunos más grandes y lujosos y otros más sencillos. Nosotros optamos por dormir en uno en Jeonju, donde está la Hanok Village, lugar turístico con centenares de casas de este estilo. Es importante tener en cuenta que al ser un sitio donde se duerme en el suelo hay que sacarse los zapatos antes de entrar y dejarlos en la puerta y que actualmente la gran mayoría de hanoks tienen un baño moderno, televisión y aire acondicionado (que nos salvó la vida).

Los precios, pues, pueden variar mucho, pero nosotros nos alojamos en uno muy sencillo pero bonito por 50.000 wones/noche con el desayuno incluido en el centro del barrio.
La experiencia fue bastante positiva, aunque no negaremos que al día siguiente nuestras espaldas se acordaron del futón durante varias horas…

7. Usar los limpísimos baños públicos
Sí, parece mentira, pero es algo que nos gustó muchísimo. En todo Corea hay un montón de baños públicos por todos lados y todos están increíblemente limpios. Cuando se viaja y se turistea se pasan muchas horas por las calles y, claro, en algún momento hay que ir al baño… la verdad es que todos los baños estaban impolutos e incluso había algunos con los famosos inodoros con chorrito de agua y para calentar el asiento. ¡Un 10 para los baños públicos coreanos!
8. Dejarse sorprender en Gyeongju
Esta ciudad, antigua capital del reino de Silla (57 a.C-935 d.C), es una de las ciudades principales del país y tiene un gran número de lugares de interés, tanto en el centro de la ciudad como a sus alrededores.

Uno de los atractivos más curiosos de Gyeongju es el Parque de los Túmulos, que es un complejo basado en 23 tumbas reales soterradas y que por fuera parecen pequeños montecitos cubiertos de vegetación. Además de las tumbas, nos encontramos en este complejo con una extraña torre de piedra, que no es nada más ni nada menos que el observatorio astronómico más antiguo de Ásia, el Observatorio Cheom-Seong Dae construido en el siglo VII con el objetivo de poder observar las estrellas.

A las afueras de la ciudad podemos visitar el templo de Bulguksa, situado a una hora de Gyeongju en autobús, que empezó a construirse en el año 528 y se fue construyendo hasta que finalizó en el siglo VIII, aunque se tuvo que reconstruir a principios de los años ’70 debido a que durante la guerra con Japón se destruyó.
En su interior podemos estar un buen rato paseando y observar las distintas pagodas y lugares de culto, entre ellos algunos con unos preciosos y enormes budas.

De Bulguksa podemos tomar un bus que nos suba hasta la gruta de Seokguram, un templo excavado en una falsa roca en el siglo VIII y situada en el monte T’oham y donde en el interior hay un buda de granito, frente al cual muchísima gente le reza. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1995.

Más allá de los sitios turísticos, sin duda la ciudad tiene una gran vida nocturna, ya sea por su increíble mercado nocturno o por sus puestecillos de food truck que nos encontramos el sábado por la noche, combinando de esta manera el pasado histórico del reino Silla con la actualidad un poco más occidentalizada.
Nos encantó pasar un par de noches en Gyeongju, aunque cabe decir que hubiese estado muchísimo mejor si no nos hubiera pillado el monzón, pero contra eso no podíamos hacer mucho.
9. Disfrutar del entorno natural de Haohe Village
Hahoe Village fue nuestro primer destino saliendo de Seúl y fue un acierto. En este pequeño enclave podemos ver cómo se vivía en la antigüedad en Corea del Sur en las zonas rurales y es Patrimonio de la Humanidad, lo cual hace que sea un lugar muy bien conservado y muy turístico.

Paseando por sus calles, una puede hacerse una idea de cómo eran las antiguas aldeas y casas coreanas, algunas con el techo de paja, las más humildes, y otras más grandes con tejados de teja, para la gente más adinerada.
El poblado en sí nos gustó, pero lo que realmente nos entusiasmó fue su entorno natural, justo al lado del río Nakdong, que nos regaló un paisaje más que recomendado. Un secreto: se puede ir y volver en bus desde la recepción donde se compran los billetes, pero al menos la vuelta hacedla a pie por los senderos al lado del río. Se respira una paz y una calma que a nosotros nos dieron la energía suficiente para empezar nuestra ruta por el país.
- Entrada: 5000 wones/persona
- Horarios: de 9:00h a 17:00h (en verano hasta las 18:00h)
- Cómo llegar: desde la estación de trenes de Adong, tomar el bus 246 y en 50 minutos se llega a la entrada principal. Es un bus con horarios fijos, así que consultar los horarios en el alojamiento o en las propias marquesinas.
10. Sonreír mucho y hacer reverencias 😉
Habíamos leído bastante sobre los usos y manera de ser de los coreanos antes de ir al país y vimos que había una gran mayoría de gente que les describía como la mezcla perfecta entre la sociedad china y la japonesa. Hay quienes les describían como los “latinos de Asia”, por ser muy abiertos y más ruidosos que los japoneses. Sin duda, la sociedad coreana nos pareció mucho más silenciosa y ordenada que la china y, aunque no hemos tenido todavía el placer de ir a Japón, parece ser que un poco menos cordiales que los japoneses.
Corea nos sorprendía cada día: si bien está entre los países más avanzados tecnológicamente, existe también un gran respeto hacia las tradiciones y la historia. Si bien el barrio central de Seúl es tremendamente trepidamente y con enormes rascacielos, se puede disfrutar de templos silenciosos y vestidos tradicionales. Si bien Busan tiene muchísimos lugares de fast food y música en los bares y tiendas de ropa a la última moda, se puede seguir conociendo templos de hace 700 años y visitar mercados con pescado fresco que te cocinan al instante.

Es un país lleno de contrastes, de obsesión por el móvil, por las compras, por los coches, pero sigue siendo gente que no deja de sonreír, que saluda con una pequeña reverencia y que sigue yendo a los templos a buscar un poquito de paz dentro de la locura del siglo XXI.