Con un pelín de resaca, el bus de Cubanacar viene a buscarnos a eso de las 9 de la mañana y nos deja en el Hotel Meliá Cohiba sobre las 12h, muy cerca de la casa de Ángel, donde regresamos más de dos semanas después.
La verdad es que yo me siento un poco mal pero lo achaco a las 24 horas de comida y bebida y queremos aprovechar al máximo nuestro último día entero en La Habana.
Por la tarde vamos paseando por el asombroso barrio del Vedado con sus enormes casas coloniales hasta llegar al Cementerio de Colón, el mayor cementerio de Latinoamérica y andandito llegamos hasta la asombrosa Plaza de la Revolución, con las típicas imágenes del Che y Camilo Cienfuegos.

De vuelta a casa cada vez me siento peor, pero no queremos desaprovechar la oportunidad de decir adiós a Cuba sin pasear al atardecer por el Malecón, con sus pescadores, sus parejas enamoradas y las olas que chocan con fuerza. Última noche…
